| PAREN DE FUMIGAR |
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| Carta de lectores | Lunes, 21 de Noviembre de 2011 17:42 |
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Señores Citricultores: Una gran tristeza y una profunda decepción me invaden por estos días. Ustedes han decidido avanzar con un plan de fumigacio-nes aéreas masivas con el declarado propósito de combatir “la mosca de los frutos”, en defensa de sus propios intereses económicos y sin importales la opinión del resto de la población respecto de ésta práctica nociva para el medio ambiente y la salud de las personas. No quiero entrar aquí en detalles sobre el tema ya que lo he hecho mediante otro docu-mento que hice público por los medios a mi alcance. Sólo quiero recordarles ese axioma jurídico de oro que dice: “que los derechos de unos terminan donde comienzan los de otros”. Y ustedes, con sus prácticas agronó-micas contaminantes, están avanzando sobre el derecho de la población a gozar de un “ambiente sano y equilibrado” como lo estable el Art. 41 de la Constitución Nacional; y ningún interés económico –menos aún sectorial- puede sobreponerse a ese derecho fundamental que le asiste a la ciudadanía.
Me siento con el derecho y la obligación moral de alzar mi voz de protesta frente a una realidad que no acepto naturalizar. Es por todos sabidos la enorme cantidad de agrotóxicos que están utilizando para la producción de cítricos sin ningún tipo de control y ahora –encima- lo tiran en forma aérea con un total desprecio hacia una población que acepta inerme e indefensa tamaña agresión.
Día a día vemos a través de los medios de comunicación como se multiplican las denuncias a lo largo y a lo ancho del país por los efectos devastadores del uso de agro-tóxicos y sus secuelas de cánceres, alergias, alteraciones del sistema nervioso, trastornos respiratorios, cardíacos y malformaciones en niños; amén del deterioro ruinoso del medio ambiente, el agotamiento de los suelos, la desertificación y pérdida de biodiversidad, entre otras tantas nefastas consecuenicias.
El Plan de erradicación de la mosca de de los frutos ha sido impuesto desde arriba a la totalidad de los productores y mucho me temo que sólo sea por interés de un pequeño grupo de los más grandes. Se efectivamente de muchos pequeños produc-tores que no están de acuerdo con las fumigaciones aéreas pero que –lamentable-mente- no tienen la forma o la voluntad de decirlo públicamente.
Señores Citricultores, desde mi condición de simple ciudadano, les hago con humildad pero también con profunda convicción, un llamado a reflexionar y desistir de ésta reprochable práctica agronómica en resguardo de la salud del conjunto de la población y de la preservación del medio ambiente que generosamente nos cobija y al cual no tenemos ningún derecho de agredirlo como lo hacen ustedes. Señores Citricul-tores: PAREN DE FUMIGAR!
Finalmente debo confesarles que no tengo muchas esperanzas de ser escuchado, pero sepan que tendrán en mí un implacable crítico público. Y si deciden seguir adelante con las fumigaciones aéreas sin importarles la vida y la salud de los demás, quizás algún día deban enfrentar el juicio de la historia, o lo que sería peor: el de sus propias conciencias.
Atentamente, |